ÚLTIMA RENOVACIÓN :JULIO 2016

ME LO EXPLICARON Y LO OLVIDÉ, LO VI Y LO ENTENDÍ, LO HICE Y LO APRENDÍ ( ANÓNIMO )

           
UN BRUJO EN LOS CAJONES

Está claro que la Madre Naturaleza no hizo complementarios a hombres y mujeres. A cada uno de los géneros nos dotó de una cualidades y nos dejó sin otras. Nos dio a a los unos, unas virtudes y a ellas , otras. En cuanto a los defectos, los repartió igual Madre Natura. El caso es que gracias a esa compenetración, tenemos el progreso del mundo, tenemos un mundo imperfecto pero genial. El relato es la constatación de uno de esos defectos que nosotros tenemos y que ellas, en cambio, suplen con su genialidad. Benditas sean .

 
 

 

 

 

Un brujo en los cajones

 

Pareciendo un cuento o una leyenda...

el relato es, la pura realidad,

explicado en rimas, para que se entienda...

habréis comprendido, que es de verdad.

 

La mujer hacendosa, ella se motiva,

pues la ropa en cajones perfecta ha de estar,

viendo su casa arreglada, se nos viene arriba...

también el armario, lo viene a ordenar.

 

Después de ese hecho, toman muy a pecho,

y detallan, terminada ya la limpieza...

con decisión, y mucha entereza,

explican al punto, todo lo que han hecho.

 

Del desorden, todas ellas se desvelan,

y de ello, dejan siempre la constancia...

y de cada cosa, y su sitio nos revelan,

cada cajón, u objetos de una estancia.

 

Así, que el hombre, haciéndose el sufrido...

atiende los consejos de su amada,

y asiente en todo, y queda convencido,

procurando en su hacer, no tocar nada.

 

Ellas, nos explican, cargando en los detalles,

el orden en que están los pantalones...

calzoncillos y calcetines, fáciles los halles...

sin tener que revolver nuestros cajones.

 

Nuestros cajones, está versado con rareza,

lo normal, es que tengamos, un solo cajón,

y de un armario de buena dimensión...

de cuatro partes, sólo, nos dejan una pieza...

pues es de tres a una, la buena proporción.

 

Y ocurre casi siempre, y no es hecho fortuito,
 un brujo, busca nuestra ropa, la adecuada...

la hace revoltijo, y queda muy desordenada.

Nuestra hada, convierte su magia en un grito.

 

Pareciendo de un partido haciendo mítines,

y recordándonos, el orden y la limpieza...

sus razones, alteradas, nos meten en cabeza...

ya sabréis... sólo por mezclar los calcetines.

 

Ese brujo, de nosotros hace lo que quiere,

y poseídos en muchas ocasiones...

en otras circunstancias interfiere...

pareciendo que seamos, unos tontorrones.

Nuestras hadas, deleitan nuestras camas,

su magia, demuestra en la cocina...

y nosotros, andamos por las ramas;

pues ellas demuestran ser, cosa muy fina.

 

Tratamos de obrar en consecuencia...

para tratar de agradar a nuestras hadas,

y no nos pierdan nunca la paciencia...

pero los propósitos, nos duran, dos jornadas.

 

Y en ocasiones, nuestros ojos embrujados,

buscando los pantalones azules de vestir...

delante de nosotros, y bien colgados...

y no los encontramos, volvemos a mentir.

 

¿Cariño, mi pantalón y camisa dónde están?

Desde el salón, suena su voz en sonsonete...

¡En el medio colgados, junto a la camisa!

Y sus pasos apurados que vienen de prisa...

otra vez el brujo, nos pone en un brete.

 

El brujo, de nuevo, nos ha dado un revés,

a ese maligno hay que echar de las casas...

nuestras hadas, entre sedas y las finas gasas...

y no vuelva ese brujo, del desinterés.

 

Veremos que nuestra hada, ya no se queja,

si acabando de leer el relato...

y dentro de un rato, aplicamos esta moraleja,

si no, volveremos a pasar, un muy mal rato.

 

Francisco Camps, Junio 2016

 

 
         
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