ÚLTIMA RENOVACIÓN :AGOSTO 2016

ME LO EXPLICARON Y LO OLVIDÉ, LO VI Y LO ENTENDÍ, LO HICE Y LO APRENDÍ ( ANÓNIMO )

           
DESDE LA FUENTE A TU CASA

El habla coloquial, el de todos los días, el del bar, el de la calle, el de los amigos, el de puertas para adentro, ese habla que no conoce limitaciones ortográficas, el que expresa el acento de un pueblo; ese habla se difumina con la expresión corregida de los medios de comunicación y ya cuando uno viaja por ahí le cuesta saber casi dónde está en función del acento de la gente. El caso es que hubo un tiempo en que las personas le ponían al habla un traje regional de lujo y en su vocabulario aparecían adornos que hoy en día casi se han perdido. Ahí les va un ejemplo de aquellos trajes regionales del habla tuejana de aquellos tiempos. Espero que sea inteligible para los lectores de todos lados . Desde luego por el contexto seguro que lo comprenden hasta los que sólo hablan inglés.

 
 

 

 

Desde la fuente a tu casa,

en rocha, hay cuatro calles...

a tu cántaro, presto, cojo del ansa,

pa que del peso, no te desmayes.

 

Y aprovecho pa icirte, dos palabricas,

que ties los andares muy señoriales...

removiendo con gracia, tus dos anquicas...

y al vértelas, moza, quitas mis males.

 

Que en subiendo la rocha, te las refiero,

pues si me das licencia, pa yo icirte...

sin aturrullo, lo que te quiero...

y tu me contestes, que si, antes de irte.

 

Y de repente ella, se puso mu colorá,

me cogió el cántaro de corricutas...

se lo puso en la cintura, atabaná.

A mi me las hizo pasar... algo canutas.

 

Por la calle de en medio, con sus azares,

y tropezando, con tos los cantos...

perdía las esparteñas, con sus andares,

en voz baja, iba mentando, a tos los santos.

 

Que yo podía leerle sus pensamientos,

mientras presurosa se subía para su casa,

se agitaba nerviosa y con aspavientos...

por haberle echao los trastos, con esa traza.

 

Se llegó al tranco, y al querer regolverse...

tal vez, por regalarme alguna risión,

el cantarico, en un suspiro vino a romperse,

en dos piazos, y en esa agua, dio un esbarón.

 

En dos zancadas llegue a su puerta,

ella en el suelo, como gavilla desbalurriá,

le dije, ¡perdona! por si de caso estaba molesta,

por ser culpable, de haberse dao, la tabalá.

 

Endoloría, lloriqueaba algo quejosa,

su niñetas canela, dulce hermosura;

las manzanillas abiertas, su piel sedosa,

se luce... con un escote de diablura.

 

Se me quedó mirando en la cercanía,

entre sus brazos los míos, arrodeá...

su aliento con el mío, se mezclaría...

y de la cintura pa bajo, bien remojá.

 

Tal vez fue la suerte del cantarico...

y de aquella suerte quedó encantá...

quedó en nuestros labios un sabor rico...

y con el agua, la puerta quedó rogeá.

 

En su puerta y su tranco, nos hicimos novios,

paseamos la calle, toa enrochá...

ida y vuelta a la fuente, ya sin agobios...

y el cantarico del ansa, bien sujetá.

 

 

 

Relato poético, aderezado con palabras del diccionario tuejano-español.

 

Francisco Camps Agosto 2016

 

   
     
 
 
 
 
         
           
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