ÚLTIMA RENOVACIÓN : OCTUBRE 2013

ME LO EXPLICARON Y LO OLVIDÉ, LO VI Y LO ENTENDÍ, LO HICE Y LO APRENDÍ ( ANÓNIMO )

IGUALES; PERO CON MÁS MÉRITO. MANOLO, EL DE LA TÍA MILAGROS. cap.II
CAPÍTULO I CAPÍTULO III CAPÍTULO IV CAPÍTULO V CAPÍTULO VI

Empezar desde cero ya es difícil en cualquier deporte; cuanto ni más desde una silla de ruedas. Pero el ser humano es un bicho raro; ante la comodiad se desinfla, se atontolina, se amuerma y ante la dificultad se supera, se sube, se agranda. Alguien como Manolo, que había empezado en esto del deporte adaptado de una manera fortuita se va creciendo poco a poco y un buen día, por una de esas chiripas de la vida, nos da un pase largo y aparecemos en Zaragoza o en Inglaterra. Y alguno preguntaba viendo a Manolo con Isabel II, ¿ quién es la que está con Manolo?

CAPÍTULO II SALIMOS DE LA COMUNIDAD VALENCIANA

Tal como ocurrió en baloncesto, nos vino a correcalles el Campeonato de España de Atletismo que ese año ( 1974 ) se celebró en Zaragoza. Estuvimos durante cuatro días en plena competición, y aunque  conseguimos pocos triunfos, ya España entera vio que los deportistas valencianos estábamos entrando en nuestro deporte con fuerza. En los años siguientes  lo demostramos con éxitos  ya que fuimos  campeones de España en casi todas las modalidades; tanto los de sillas de ruedas como los compañeros de a pie; pues también hacían deporte chicos que tenían alguna amputación de brazo o cojera leve.

Estos compañeros también dieron muchos éxitos a nuestro club. Acabada la liga y el campeonato de atletismo, estuvimos el resto del año deportivo jugando partidos de básquet amistosos y atletismo con los de Castellón. Pronto se unieron deportistas con problemas de vista, dado que a nivel nacional ya había equipos con personas invidentes que competían antes que los nuestros.

Pasaron los meses y en 1975 la liga española de baloncesto  trasladó los partidos a Sevilla. Nos  alojábamos en un pueblo llamado Dos Hermanas. En este año la cosa ya había cambiado un poco, puesto que el equipo ya estaba más entrenado y se notaba que ya no éramos los del año anterior; el esfuerzo de todos se notó en la cancha, poniendo en muchas dificultades a los equipos contrarios, que vieron cómo fuimos ganándoles en algunos momentos del juego. Fui recibiendo felicitaciones de algunos rivales, puesto que fuera del campo todos nos conocíamos bien porque estuvimos jugando invitados en las fiestas de Elche y la convivencia durante ese largo fin de semana unió más la amistad entre todos nosotros.

EN LA SELECCIÓN NACIONAL
Al poco tiempo, recibí una carta de la Federación Española diciéndome si tenía algún problema en viajar, puesto que estaba preseleccionado por primera vez. Hablé con mis jefes de la fábrica de joyería en la que trabajé durante ocho años para ver si me daban los permisos oportunos para faltar al trabajo. No me pusieron pegas y rápidamente contesté a Madrid diciendo que sí. A partir de ese día comencé a entrenar todos las tardes, incluso fines de semana. Conforme salía del trabajo, paraba un taxi y a entrenar yo solo. Así, durante los años que estuve con la Selección Nacional. Fueron cinco años en los cuales fui treinta y tres veces internacional.

 Este mismo verano ya contó conmigo el Seleccionador Nacional y la primera salida nos fuimos a los  Juegos Internacionales de Stoke Mandeville en Inglaterra. En aquel tiempo España jugaba en la 2ª División de Naciones y no es que estuviera yo; pero ese conjunto de jugadores de básquet que nos habíamos desplazado, era un equipo con gente nueva y con muchas ganas de jugar contra selecciones de otros países. Conocí  a jugadores con un nivel de juego tal que apetecía salir a la cancha a dar todo lo que en ese momento podía dar de si tu cuerpo y las ganas de ayudar a esa selección que había puesto su confianza en ti.
En esta división se hicieron dos grupos. Comenzamos haciendo un juego rápido y eficaz, lo que llevó a todos los equipos que estaban en nuestro grupo, a no saber como defender la presión que hacíamos durante todo el partido, puesto que los chavales que estábamos en el banquillo teníamos tantas ganas que cuando salíamos a la cancha, apenas se notaba los cambios que el entrenador realizaba; era tanta la alegría por salir a jugar que salíamos a por todas.
Pasaron partidos y, al final, quedamos los primeros de nuestro grupo. En el otro grupo fue Italia la que quedó en primer lugar. La final era loa que todo el mundo se esperaba: España-Italia. Antes de comenzar el partido, y después de haber realizado el calentamiento previo, me llamó el entrenador Antonio Giménez ,de Sevilla y me dio la faena de marcar a un jugador y me comentó que aunque no marcara ningún punto si impedía que el jugador que me asignó jugase a su aire, se daba por satisfecho, así que no lo pensé dos veces. Le hice un marcaje en todo el campo y el pobre italiano apenas sí pasaba de su campo. Por lo que se cogió un cabreo descomunal faltándole sólo insultarme, cosa que desconozco, puesto que un servidor no habla italiano.
 Al final del partido aún terminé con ocho puntos y lo más importante era que habíamos logrado la medalla de oro de nuestra división y en la ceremonia de entrega de trofeos fue la misma Isabel II de Inglaterra la que nos colgó del cuello la medalla de oro que habíamos conseguido para España.

 

   
   
                   
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